Descripción del proyecto

Coleccion

Sala: Sala 16

Nº de Orden: Sala 16-5

Nº de Registro: 877

Nº de Inventario: 421

Autor: Autor desconocido

Materia técnica de fabricación: Escultura de bulto redondo. Madera tallada, con restos de policromía.

Dimesniones: 102 x 80 x 46 cm.

Cronología: Siglo XVII

Titularidad: Fundación Caja Segovia

Procedencia: Colección de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia. Nº INV.: 35024.

Ubicación: Torreón de Lozoya. Expuesto en Sala 16

Estado de Conservación: Bueno. Le faltan las manos y parte de la peana.

Descripción: Sobre una peana en la que se enrosca un monstruo aparece la Virgen mirando hacia arriba, vestida con larga túnica y manto.

Biografía:

Comentario: La devoción a la Inmaculada Concepción ha contado en España con una arraigada tradición, que dio sus primeros síntomas en la Edad Media cuando, en 1398 Juan I, rey de Aragón, puso su reino bajo la protección de la Purísima por carta solemne. Más tarde, en 1489, Isabel la Católica patrocinaba la fundación de la orden de la Concepción de Nuestra Señora. En el siglo XVII, los reyes Felipe III y Felipe IV realizaron diversas peticiones ante la Santa Sede para la proclamación del Dogma de la Inmaculada, que daban continuidad a las insistencias de los padres españoles en el Concilio de Trento, donde la exención de la Virgen del pecado original no había definido el dogma. Aún así, no todo el mundo era favorable a su aprobación; la orden dominica mantenía la, denominada, doctrina de la santificatio in útero, según la cual, la Virgen había sido absuelta, pero no exenta del pecado original. Esta doctrina, rechazada desde diversas instancias religiosas, en especial por los franciscanos, llevó en Sevilla a todo un movimiento de exaltado fervor e incluso de violencia, dado que gran parte de la población la entendió como una afrenta. La cuestión se resolvería parcialmente, a petición del reino de España, cuando Pablo V publicó la constitución Sanctissimus el 13 de septiembre de 1617, prohibiendo mantener la tesis dominica, veto que ratificó posteriormente Gregorio XV. Aunque el dogma no se proclamó en aquellas ocasiones, la religiosidad popular entendió que sí, dando lugar a un notabilísimo auge del tema de la Inmaculada en la pintura y la escultura barrocas.
El tipo iconográfico se había ido configurando desde finales del siglo XV a partir de la mujer apocalíptica descrita en la visión de San Juan, con su vestido de sol, pies apoyados en la luna, corona de doce estrellas, rodeada de símbolos marianos que aparecen en las Letanías de la Virgen de Loreto… Su versión más completa apareció de modo simultáneo en Francia y España hacia 1500. Francisco Pacheco recomendó en estos términos su representación: “Hase pintar (…) en la flor de su edad, de doce a trece años, hermosísima niña, lindos y graves ojos, nariz y boca perfectísima y rosadas mexillas, los bellísimos cabellos tendidos, de color de oro; (…) vestida del sol, un sol ovalado de ocre y blanco, que cerque toda la imagen, unido dulcemente con el cielo; coronada de estrellas; doce estrellas compartidas en un círculo claro entre resplandores, sirviendo de punto la sagrada frente (…). Una corona imperial adorne su cabeza que no cubra las estrellas; debaxo de los pies, la luna que, aunque es un globo sólido, tomó licencia para hacello claro, transparente sobre los países; por lo alto más clara y visible la media luna con las puntas abaxo (…). Los atributos de tierra se acomodan acertadamente, por país y los del cielo, si quieren entre nubes. Adornase con serafines y con ángeles enteros que tienen algunos de los atributos”.

Adquirir una foto: https://www.fundacioncajasegovia.es/producto/inmaculada-concepcion-reproduccion-uso-personal-o-editorial/