Descripción del proyecto

Coleccion

Sala: SALA 4

Nº de Orden: SALA 4-14

Nº de Registro: s/n

Nº de Inventario: s/n

Autor: Desconocido. ¿Taller de Talavera o de Sevilla?

Materia técnica de fabricación: Azulejo decorado a arista o cuenca.

Dimesniones: Azulejos de la banda superior: 8 x 18 cm. Azulejos del paño central: 14,5 x 14,5 cm. Azulejos de la banda inferior: 15 x 17 cm.

Cronología: Segunda mitad del siglo XVI-inicios del siglo XVII.

Titularidad: Fundación Caja Segovia

Procedencia: Conservados en el propio edificio.

Ubicación: Torreón de Lozoya. Expuesto en Sala 4

Estado de Conservación: Es el zócalo de azulejos peor conservado del edificio, presentando las piezas numerosos golpes y pérdidas, si bien, lo que ha sobrevivido, se encuentra estable.

Descripción: Zócalo o arrimadero de azulejos, esmaltado en verde, azul y ocre, sobre fondo blanco, que rodea por completo la estancia, organizando su decoración en tres partes claramente diferenciadas. La banda superior consiste en la repetición de un patrón integrado por parejas de dragones afrontados, con sus cuellos y colas anudados, que se complementan con decoración vegetal. En el paño central, cuatro azulejos conforman un medallón de varias circunferencias concéntricas, bordeado en su contorno por lóbulos ultrasemicirculares, cuatro de los cuales se anuda exteriormente a nuevos anillos de mayor tamaño. Este esquema geométrico se rellena en sus espacios libres con decoración geométrica y vegetal. Por último, la franja inferior está constituida por dos cenefas. La que toca con el suelo no es más que un encadenamiento de pequeños rectángulos con una roseta en su centro. Por encima, aparece un bucráneo entre estilizados roleos de acanto que sujetan también una urna.

Biografía:

Comentario: Al menos desde el siglo XIII existe una amplia constancia de la utilización de zócalos decorados de diferentes formas en la arquitectura civil segoviana. Los ejemplos más notables corresponden, en estos inicios, a pinturas “a lo morisco”, caracterizadas por el empleo del color almagre sobre fondo blanco y por la decoración de entrelazo, que en la Torre de Hércules se acompaña de un singular e importantísimo elenco de temas figurativos. Durante el siglo XV, e incluso a inicios del siglo XVI, la costumbre se mantiene, llegándose a decorar de este modo paredes enteras en templos e incluso fachadas, como ocurre en el Castillo de Coca. Sin embargo, al interior de esta fortaleza toma gran protagonismo otro tipo de decoración, igualmente geométrica, pero más básica, cuyas líneas incisas sobre el mortero fresco dan lugar a campos que se policroman con colores planos. Aunque en el castillo esta ornamentación tapizó los paños centrales de las paredes, dejando el zócalo vacío, los términos se invirtieron en Segovia capital, donde la decoración se concentró en las partes inferiores de los muros. El siglo XVI introdujo un cambio sustancial en esta evolución al imponer los vistosos arrimaderos de azulejos polícromos con decoraciones renacentistas, siendo el Torreón de Lozoya su mayor exponente. Quedan vestigios de cómo estuvieron así decoradas sus estancias en cuatro ámbitos, aunque por fotografías antiguas sabemos que existió, al menos, otra más con azulejos distintos a los conservados. Segovia se unió así a las nuevas modas que se impusieron en el país a raíz de la llegada del artista italiano Francisco Nicoluso Pisano a Sevilla en los últimos años del siglo XV, responsable de incorporar la decoración renaciente a la azulejería. Juan de Vera adscribe los azulejos del edificio a talleres de Sevilla y Talavera de la Reina. Curiosamente, los siglos del Barroco volvieron a imponer, aunque de forma mucho más tímida, los zócalos de grafitos incisos policromados sobre revoco (a veces con decoración esgrafiada), que serían también empleados en algunos inmuebles del siglo XX, como guiño a la tradición segoviana.
De los cuatro modelos de azulejos que se conservan en el Torreón de Lozoya, el que aquí se comenta es el único realizado con la técnica de la cuenca o arista, consistente en la realización de un molde en el que las líneas que definen la decoración están ligeramente rehundidas. Contra él se aprieta la arcilla cruda que constituirá el futuro azulejo. De este modo se consigue que las líneas de los diseños queden resaltadas en positivo con un pequeño relieve continuo; ello facilita enormemente la labor de policromado, puesto que en cada campo -delimitado por esos salientes- se depositarán diferentes esmaltes, impidiéndose así que se mezclen los colores. Esta técnica se empleaba en España desde el siglo XV y continuó utilizándose en la azulejería renacentista (destacaron en su utilización los talleres de Sevilla, Toledo y Muel) como sustitutivo del procedimiento denominado “cuerda seca”, mucho más lento. Parte de los motivos geométricos empleados en la azulejería hispana del Renacimiento procedió de las estampas que Serlio incluyó en su tratado sobre arquitectura, aludiéndose a veces a ellos como “azulejos serlianos”.
“Azulejo”, deriva del nombre árabe “al Zulaija”, que quiere decir “piedra bruñida pequeña”. La ley del Patrimonio Histórico Español, de 1985, puntualiza como “Bien Inmueble” la cerámica aplicada al campo de la arquitectura. El Torreón de Lozoya es un gran ejemplo. Es posible que parte de los esgrafiados renacentistas de la galería que da al jardín estuvieran inspirados en estos azulejos, puesto que en ambos se repite la figura del bucráneo adornado en sus cuernos con telas.

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