Descripción del proyecto
Sala: SALA 9
Nº de Orden: SALA 9-16
Nº de Registro: 1193
Nº de Inventario: 735
Autor: Lorenzo Coullaut Valera (1876-1932)
Materia técnica de fabricación: Escayola
Dimesniones: 0,32 x 0,10 x 0,10 cm.
Cronología: 1928
Titularidad: Federico Coullaut-Valera Terroba
Procedencia: Depósito de su propietario, D. Federico Coullaut Valera Terroba
Ubicación: Torreón de Lozoya. Expuesto en Sala 9
Estado de Conservación: Bueno.
Descripción: Retrato de la Infanta Isabel de Borbón, reducido a la cabeza. Su rostro, sereno, mira al frente. La infanta luce un alto peinado.
Biografía: Natural de Marchena (Sevilla), Lorenzo Coullaut Valera nació el 12 de abril de 1876, hijo de Louis Alfred Coullaut Boudeville -ingeniero francés que había venido a España para intervenir en los trabajos de canalización del río Guadalquivir y en las obras del ferrocarril Sevilla-Cádiz- y de Teresa Valera y Díez de la Cortina, prima del diplomático y literato Juan Valera Alcalá-Galiano. Comenzó su aprendizaje artístico en la academia de Rafael Romero Barros (padre del pintor Julio Romero de Torres) y posteriormente en el taller del escultor Antonio Susillo, al tiempo que acudía a las clases de la sección de Bellas Artes del Ateneo Hispalense. La inesperada muerte de Susillo le hizo encaminar sus pasos a Madrid, entrando en el taller del escultor Agustín Querol, del que pronto se convierte en su aprendiz más destacado. Al margen de esta actividad, desarrolla otra de ilustrador para revistas y trabajos literarios, apoyado por su tío. Desde 1897 comenzó a presentarse a diferentes certámenes, en los que obtuvo varios galardones hasta que en 1906 se alzó con el Premio Nacional de Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Diez años después -cuando ya se ha convertido en un escultor célebre en España y América- ganó el concurso para el Monumento a Cervantes de Madrid. Tras regresar de un viaje a Monteviedo, a donde había acudido para el montaje e inauguración de su Monumento al General Bruno Zabala, falleció en Madrid en 1932, “mientras preparaba -escribe José María Gajate García- su Monumento a Cervantes en Sevilla, comenzaba el Paso sobre las negaciones de San Pedro para la Cofradía del Cristo de Burgos y estaba a punto de terminar el Monumento a los Hermanos Álvarez Quintero que se puede admirar en el Parque del Retiro madrileño, concluido por su más querido discípulo, su hijo Federico”. La faceta más conocida de Lorenzo Coullaut Valera fue, sin duda, la de escultor monumental, vertiente en la que demostró una gran versatilidad. En 1905 ganó el concurso para la ejecución de la lápida que conmemoraba la publicación de la primera edición de “El Quijote”. A la Nacional de 1910 presentó seis obras, esperando conseguir el máximo galardón por la calidad de las mismas, entre las que se encontraba el monumento a Bécquer, pero no resultó como esperaba. A pesar de ello recibió numerosos encargos oficiales y de la burguesía andaluza y castellana que admiraban el carácter narrativo de su producción, llegando a realizar la friolera de 52 monumentos, entre ellos los dedicados a Pereda (Santander, 1911), a los Saineteros (Madrid, 1913), a Campoamor (Madrid, 1914), a la Condesa Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1916), a Menéndez y Pelayo (Madrid, 1917), al obispo Osio (Córdoba, 1916), a Cervantes (Madrid, terminado por su hijo), a Juan Valera (Madrid, 1928), a los Hermanos Álvarez Quintero (Madrid, terminado por su hijo)…
Comentario: La estatua para la que esta obra sirvió como modelo, fue un homenaje de la colonia de veraneantes de La Granja de San Ildefonso a la Infanta Isabel de Borbón, conocida popularmente como La Chata, quien siempre gustó de este Real Sitio desde su infancia. La idea, que surgió en 1927, era erigir el monumento en el preciso lugar donde la Infanta acostumbraba a presidir las reuniones de su círculo de amistades o corro; sin embargo -como ha escrito José Luis Sancho- el escultor propuso y consiguió modificar algo este propósito: “Coullaut Valera expuso, en una carta al Infante del Real Patrimonio, su sometimiento a cuantas instrucciones le había señalado el rey, pero el escultor tuvo el buen juicio de proponer el emplazamiento definitivo, bastante afortunado pues si se hubiera colocado en el propio sitio donde la Infanta presidía el corro, que era de frente hacia las verjas, y en la esquina de la Calle de los Dragones, un poco hacia la de Valsaín, hubiera alterado por completo la entrada al jardín histórico. Coullaut los sitió junto a este mismo chaflán, pero en la calle interior del bosque. El autor ha escogido este sitio porque siguiendo las indicaciones de S.M. el Rey, el monumento no tiene pedestal y la estatua viste el traje con que S.A. pasea por las mañanas y descansa unos momentos en el corro antes de volver a Palacio. Es por lo tanto de aspecto sencillo y tranquila la expresión. El sitio escogido es contiguo al corro, en un claro del bosque que permite colocar el monumento sin cortar ningún árbol y hacer un arriate con flores rodeándolo, para que no se quede al alcance de la mano y deje al espectador por lo menos a dos metros de la estatua. […] La escultura aúna un tratamiento realista del personaje con una expresividad sencilla que transmite extraordinaria serenidad. Doña Isabel, popularmente conocida como La Chata, tenía a la sazón entre setenta y setenta y siete años al hacérsele este retrato. En 1928 el Príncipe de Asturias vino a veranear a La Granja con ella, y el 2 de septiembre se inauguró el monumento con la presencia de SS.AA.”
Adquirir una foto: https://www.fundacioncajasegovia.es/producto/retrato-de-la-infanta-isabel-francisca-de-asis-de-borbon-la-chata-reproduccion-uso-personal-o-editorial/
