Hace algo más de un año finalizaban las obras que, auspiciadas por la Junta de Castilla y León, permitieron el arreglo íntegro de la cubierta del Torreón de Lozoya, sede de la Fundación del mismo nombre.
Se trató de un proyecto que, de acuerdo con la normativa vigente, persiguió compatibilizar la labor de conservación arquitectónica con la protección, e incluso, el fomento de la fauna urbana, lo que supuso una estrecha colaboración entre la dirección facultativa de la obra y el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat, “GREFA”.
Carlos Cuéllar Basterrechea, técnico de GREFA, realizó los estudios previos de biodiversidad, e implementó medidas específicas para su conservación, fruto de las cuales fue la incorporación de diez oquedades bajo teja para especies de pequeño tamaño como el vencejo común (Apus apus), el gorrión común (Passer domesticus) o el gorrión chillón (Petronia petronia) y otras tres oquedades, también bajo teja, para especies de mayor tamaño como el cernícalo primilla (Falco naumanni). Además, se puso en valor la población de salamanquesa común (Tarentolla mauritanica) presente en el edificio. De todo ello, se dio cuenta en la conferencia que el mismo Carlos Cuéllar impartió en el Torreón de Lozoya tras finalizar la intervención.
Afortunadamente, ya se han podido comenzar a constatar algunos importantes resultados, ya que GREFA ha comprobado sobre el terreno una ocupación significativa de los nidos instalados, tanto en el Torreón de Lozoya, como en otros dos edificios en los que también ha intervenido recientemente: la muralla de Madrigal de las Altas Torres (Ávila) y la iglesia de San Esteban en nuestra ciudad.
Protagonistas de esa feliz ocupación son los vencejos comunes, que han podido ser fotografiados por el propio Carlos Cuéllar volando en torno a la torre, saliendo de sus nidos o en posición de frenada, una maniobra que estas aves realizan cuando se aproximan a sus nidos con la intención de acceder a su interior.
El vencejo común es una especie clave para el equilibrio ecológico urbano, dada su importante contribución al control natural de plagas, lo que mejora la calidad ambiental de nuestros pueblos y ciudades, además de favorecer el bienestar emocional y mental de la ciudadanía, por lo que supone de acercamiento de la naturaleza a la vida cotidiana.
Por su parte, la Fundación Torreón de Lozoya, con el asesoramiento de GREFA y de Carlos Cuéllar, ha querido que los visitantes a su Museo y Torre conozcan la biodiversidad que alberga el edificio, así como esta exitosa intervención, instalando un panel informativo en el que, además de identificar las especies de animales que viven en este antiguo palacio, también se sensibiliza al público sobre las diferentes causas que motivan la regresión de algunas especies de la fauna silvestre en el medio urbano. Se cuentan entre ellas la escasa disponibilidad de alimento, la contaminación ambiental, la dificultad para encontrar fuentes de agua accesibles, la reducción de zonas verdes y la aplicación de compuestos químicos tóxicos, caso de los herbicidas sobre infraestructuras viarias, aceras y jardinería, o los rodenticidas anticoagulantes en alcantarillado y uso doméstico.
A las anteriores amenazas descritas se suma otra especialmente relevante, a la que la intervención en el Torreón de Lozoya ha sido especialmente sensible: la destrucción del hábitat y la consecuente pérdida de espacios de nidificación y refugio.
Hoy, felizmente, podemos decir que los vencejos han vuelto al Torreón de Lozoya y que esta experiencia puede guiar otras deseables intervenciones en el futuro.




