Descripción del proyecto

Coleccion

Sala: Sala 2

Nº de Orden: Sala 2-4

Nº de Registro: 1192

Nº de Inventario: 734

Autor: Lorenzo Coullaut Valera (1876-1932)

Materia técnica de fabricación: Bronce

Dimesniones: 43 x 36 x 23 cm.

Cronología: 1915

Titularidad: Federico Coullaut-Valera Terroba

Procedencia: Depósito de su propietario

Ubicación: Torreón de Lozoya. Expuesto en Sala 2

Estado de Conservación: Bueno

Descripción: Sobre una base moldurada se levanta el sitial donde aparece sentado el escritor, con gesto reconcentrado, envuelta su mano izquierda en una capa y apoyando la otra sobre un libro.

Biografía: Natural de Marchena (Sevilla), Lorenzo Coullaut Valera nació el 12 de abril de 1876, hijo de Louis Alfred Coullaut Boudeville -ingeniero francés que había venido a España para intervenir en los trabajos de canalización del río Guadalquivir y en las obras del ferrocarril Sevilla-Cádiz- y de Teresa Valera y Díez de la Cortina, prima del diplomático y literato Juan Valera Alcalá-Galiano. Comenzó su aprendizaje artístico en la academia de Rafael Romero Barros (padre del pintor Julio Romero de Torres) y posteriormente en el taller del escultor Antonio Susillo, al tiempo que acudía a las clases de la sección de Bellas Artes del Ateneo Hispalense. La inesperada muerte de Susillo le hizo encaminar sus pasos a Madrid, entrando en el taller del escultor Agustín Querol, del que pronto se convierte en su aprendiz más destacado. Al margen de esta actividad, desarrolla otra de ilustrador para revistas y trabajos literarios, apoyado por su tío. Desde 1897 comenzó a presentarse a diferentes certámenes, en los que obtuvo varios galardones hasta que en 1906 se alzó con el Premio Nacional de Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Diez años después -cuando ya se ha convertido en un escultor célebre en España y América- ganó el concurso para el Monumento a Cervantes de Madrid. Tras regresar de un viaje a Monteviedo, a donde había acudido para el montaje e inauguración de su Monumento al General Bruno Zabala, falleció en Madrid en 1932, “mientras preparaba -escribe José María Gajate García- su Monumento a Cervantes en Sevilla, comenzaba el Paso sobre las negaciones de San Pedro para la Cofradía del Cristo de Burgos y estaba a punto de terminar el Monumento a los Hermanos Álvarez Quintero que se puede admirar en el Parque del Retiro madrileño, concluido por su más querido discípulo, su hijo Federico”. La faceta más conocida de Lorenzo Coullaut Valera fue, sin duda, la de escultor monumental, vertiente en la que demostró una gran versatilidad. En 1905 ganó el concurso para la ejecución de la lápida que conmemoraba la publicación de la primera edición de “El Quijote”. A la Nacional de 1910 presentó seis obras, esperando conseguir el máximo galardón por la calidad de las mismas, entre las que se encontraba el monumento a Bécquer, pero no resultó como esperaba. A pesar de ello recibió numerosos encargos oficiales y de la burguesía andaluza y castellana que admiraban el carácter narrativo de su producción, llegando a realizar la friolera de 52 monumentos, entre ellos los dedicados a Pereda (Santander, 1911), a los Saineteros (Madrid, 1913), a Campoamor (Madrid, 1914), a la Condesa Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1916), a Menéndez y Pelayo (Madrid, 1917), al obispo Osio (Córdoba, 1916), a Cervantes (Madrid, terminado por su hijo), a Juan Valera (Madrid, 1928), a los Hermanos Álvarez Quintero (Madrid, terminado por su hijo)…
COMENTARIO: En 1916 el rey Alfonso XIII firmó un Real Decreto para abrir una suscripción universal al objeto de erigir un momento a Miguel de Cervantes, recordando así el tercer centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote en 1915 y su fallecimiento un año después. La idea había surgido un poco antes, ya que en 1915 se había convocado al tal efecto un concurso nacional al objeto de elegir la mejor idea para dicho monumento conmemorativo, que había de ubicarse en la recién construida plaza de España de Madrid. El proyecto elegido fue el presentado por el escultor Lorenzo Coullaut Valera y el arquitecto Martínez Zapatero; la obra había de ser realizada en cinco años, pero, desde el principio, hubo considerables retrasos. En 1920 se constituyó un comité de recaudación de fondos para la construcción del monumento en todos los países castellanohablantes, pero las obras no se iniciaron hasta 1925. Para entonces, se une al proyecto el arquitecto Pedro Muguruza, quien hace algunas modificaciones, suprimiendo ornamentaciones, balaustrada y una Victoria alada que coronaba el conjunto, en su versión inicial. Aunque no completamente acabado, el monumento se inauguró el 13 de octubre de 1929. En 1930 el proyecto sufre un nuevo parón tras la caída del gobierno del General Primo de Rivera. Dos años después, fallecía el escultor, quedando las obras paralizadas hasta que su hijo, Federico Coullaut-Valera, prosiguió con ellas a iniciativa de la Comisión de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, realizando en 1956 las estatuas de Dulcinea y Aldonza en piedra de Sepúlveda, sobre bocetos de su padre; cuatro años después se colocaron los grupos de “La Gitanilla” y de “Rinconete y Cortadillo”. El 25 de noviembre de 2018, la Comunidad de Madrid declaró el Monumento a Miguel de Cervantes Bien de Interés Cultural (España).
“La estructura arquitectónica que sirve de base a todo el monumento -escribe Socorro Salvador- es de formas severas. Se alza sobre un basamento de granito de 22 m. de largo por 17 m. de ancho, escalonado en su parte delantera, con tres pedestales, uno a cada lado de la escalera y otro en el centro. Sobre los pedestales laterales se alzan las figuras sedentes de Dulcinea, ataviada como ilustre dama, con un cofre de joyas en las manos, de serena belleza; la de Aldonza Lorenzo, joven labriega de formas llenas, alegre y lozana, sentada sobre dos sacos de grano, cribando, y sobre el pedestal central, las figuras ecuestres, en bronce, de Don Quijote y Sancho. Inmediatamente detrás, se eleva el núcleo principal del monumento: un gran prisma cuadrangular sobre una base escalonada, de perfil mixtilíneo, en cuyo frente destaca el pedestal que sustenta la figura de Cervantes, envuelto en capa y sentado en un amplio sillón apoyando la mano derecha en un libro. Detrás del sillón, a la altura de las alas del mismo, surge el segundo cuerpo arquitectónico en forma de tronco de pirámide, con los ángulos reforzados hasta la mitad de la altura por unos pilares rematados a su vez en pirámides que acentúan al carácter “escurialense” de la arquitectura. Remata en una cornisa, debajo de la cual, en el frente, aparece el escudo de Cervantes -en campo de azur, dos ciervos de oro puestos en palo; bordadura de gules con ocho aspas de sinople-; en el lateral izquierdo el escudo de Madrid, en el derecho, el de Castilla y en la parte posterior el de España. Sobre la cornisa, cinco figuras femeninas representan las cinco partes del mundo y leen un libro: ‘El Quijote’, al tiempo que sostienen un globo terráqueo, simbolizando así la universal difusión de la novela cervantina, tal y como aparecía en el primitivo proyecto. Sin embargo, no se realizó la Victoria que remataba el conjunto, glorificando el triunfo del Ingenioso Hidalgo. Tampoco se realizó la balaustrada que bordeada todo el basamento del monumento, entre el pedestal de Don Quijote y el de Cervantes, en cuyo centro se alzaba otro que acogía las figuras de los perros ‘Cepión y Berganza’ del ‘Coloquio’. En los laterales del núcleo arquitectónico, donde comienza el cuerpo troncopiramidal, se han colocado los grupos que representan: en el lateral izquierdo, una escena de ‘La gitanilla’, y en el derecho, otra de ‘Rinconete y Cortadillo’, para las que sirvieron de modelos los hijos del escultor. Son grupos de seis y diez figuras respectivamente, exentas, aunque adaptadas al muro como si se trataran de altorrelieves. En el proyecto original este lugar estaba ocupado por escenas tomadas de ‘La Galatea’ y ‘Los trabajos de Persiles y Segismunda’. El grupo de ‘La gitanilla’ estaba exento y se alzaba sobre un pedestal lateral, y en el lado opuesto, el grupo que representaba ‘Los cautivos de Argel’. El de ‘Rinconete’ estaba colocado sobre la parte posterior del cuerpo prismático, pero fue necesario prescindir de él porque ‘La fuente del idioma castellano’ -que en origen era exenta-, se adosó al muro. La fuente presenta entre los pilares angulares las figuras simbólicas de la Literatura sentada en amplio sillón, como una joven noble coetánea del escritor, con un libro abierto en su mano izquierda. A sus pies mana el agua que cae sobre una gran concha formada por el escudo de todas las naciones de habla castellana […] A ambos lados de la dama, en un nivel arquitectónico inferior, sobre pedestales de perfil curvo rematados con volutas, las figuras del ‘Valor Militar’ -figura que el escultor presentó a escala reducida en el concurso- y el ‘Misticismo’, representaciones del Ejército y de la Iglesia, los dos soportes de la sociedad del siglo XVI”.

Comentario:

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